viernes, diciembre 31, 2010

El valioso tiempo de los maduros

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora...

Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades…No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo. Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos...

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.... Sin muchas golosinas en el paquete...

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír, de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos. Que no se considere electa, antes de hora. Que no huya, de sus responsabilidades. Que defienda, la dignidad humana. Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas….

Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…. tengo prisa… por vivir con la intensidad, que sólo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan… Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás.."

Mario de Andrade
(Poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño)

jueves, diciembre 24, 2009

Que se vaya nomás el 2009

Sé que este año ha sido muy duro y difícil para muchos . Por eso, las palabras del uruguayo Eduardo Galeano me parecen apropiadas.

Mis mayores y mejores deseos para que vivan una Navidad en paz, lo más lejos posible del consumismo, todo lo cerca del corazón vuestro y de quienes aman. Y que el año que viene, cambie la pisada.

Laura Díaz, La amante de Bolzano

Rosario, la hechicera andaluza, llevaba muchos años peleando contra los demonios. El peor de los satanases había sido su suegro. Este malvado había muerto acostado en la cama, la noche que exclamó: Me cago en Dios! y el crucifijo de bronce se desprendió de la pared y le partió el cráneo.

Rosario se ofreció a desendiablarnos. Nos tiró a la basura nuestra bella máscara mexicana de Lucifer y desparramó una humareda de ruda, mejorana y laurel bendito. Después, clavó en la puerta una herradura con las puntas hacia afuera, colgó algunos ajos y derramó, aquí y allá, puñaditos de sal y montones de fe.

Al mal tiempo, buena cara, y a las hambres, guitarreadas- dijo.

Y dijo que ahora nos tocaba a nosotros, porque la suerte no ayuda si uno no la ayuda a ayudar.

lunes, octubre 26, 2009

Las derrotas de Laura Diaz

Dos derrorotas se agregan a las decenas sufridas por esta servidora. Ayer, fracasaron las dos propuestas plebiscitadas. Por alguna degradación genética, me duelen más las derrotas colectivas que las personales. Para las primeras, difícilmente encuentro consuelo. La negación del voto a los uruguayos en exterior me duele. Pero me gustaría saber cómo podré aceptar, aunque haya sido decisión soberana de poco más del 51 % de los cuidadanos, que los violadores de los derechos humanos seguirán impunes. Sé que no lo lograré. En fin, una cuenta más en el collar que visto. La historia de la vida de Laura Díaz. La perdedora.

sábado, octubre 24, 2009

La credencial en la mano, la patria en el corazón




Pablo llegó este mediodía. Si bien tenía muchas ganas de estar con nosotros y con sus amigos porque desde principios de junio no venía, su meta es la misma que la de miles de compatriotas que residen en el exterior: votar mañana. Contó que el puerto de Buenos Aires emocionaba hasta al más duro de los mortales. La gente estaba feliz. Sonrisas a diestra y siniestra, banderas uruguayas, ansiedad por llegar, ni una queja por los retrasos en los embarques debidos en parte a la tormenta que azotó ambas márgenes del Río de la Plata hasta la madrugada, en parte por la multitud.

Un decreto de la presidenta argentina obligó a todos los empleadores a dar dos días libres a todo uruguayo que quisiera venir a ejercer su derecho cívico. La empresa Buquebus ofrece pasajes a precios subvencionados (menos de la mitad de su costo habitual) a los uruguayos residentes en Argentina con la credencial cívica al día. Los partidos políticos y uruguayos residentes en el exterior que no pueden venir, realizaron colectas para pagar pasajes de los que sí pueden venir. Muchos uruguayos desperdigados por el mundo aprovecharon las elecciones de mañana para tomarse su licencia anual, renunciando a la clásica visita de Navidad.

Más de 20.000 pasajes subvencionados fueron vendidos por la empresa Buquebus. La otra empresa de transporte fluvial, 5.000. Además, los comprados a precio normal. Cerca de 500 ómnibus llegarán desde el Litoral de Argentina. Imposible contabilizar los buses que llegan desde Chile y Brasil.

Pero no es solamente fronterizo el tránsito de uruguayos hacia el paisito. El aeropuerto vive escenas dignas de fin de año desde el comienzo de la semana. Vuelos charters desde Canadá y Australia, líneas regulares de American y de Iberia, y todas las demás conexiones posibles sobre todos con EUA y España, no tenían un asiento libre desde hace meses.

Las cifras más conservadoras indican que, en total, llegaron a votar unos 40.000 uruguayos. Cifra no menor si se considera que apenas somos 3 millones de habitantes, y que 2,5 estamos habilitados para votar (qué país de viejos, mi dios).

La inmensa mayoría de la diáspora uruguaya, la que no puede venir, seguirá la transmisión gratuita que muchos canales de televisión y de radio harán a través de internet. Reunidos con familiares y amigos, esperarán los resultados que a muchos encontrarán en el mediodía de Sydney, en la medianoche de Nueva York, o en la madrugada de Madrid.

Recuerdo como si fuese ayer los días previos a las primeras elecciones nacionales en la agonía de la dictadura, en noviembre de 1984. Los puentes peatonales de los accesos a Montevideo repletos de uruguayos saludando con banderas a los cientos de ómnibus que llegaban desde Buenos Aires, los abrazos de los reencuentros en el aeropuerto, los puertos de Montevideo y de Colonia recibiendo con cantos y sonrisas a los compatriotas que pisaban el país después de una larga década con la mano en alto mostrando con orgullo la credencial.

Quizás, ha llegado la hora de reconocer que a los uruguayos que llevan la patria en el corazón nada los detiene. Tal vez, es tiempo que se apruebe el voto epistolar que se plebiscita también mañana. Que así sea.

jueves, octubre 22, 2009

Una deuda: Democracia con mayúscula

Mariana Zaffaroni Islas, secuestrada a los 18 meses en Buenos Aires, 1976,
por quien fue su padre adoptivo. Padres biológicos desaparecidos


2009. Junto a una de sus abuelas, las que la buscaron incansablemente . En 1992 se le regresó su identidad . Su rompecabezas recién empieza a armarse.


Si hay algo que me emociona hasta las lágrimas (que no suelen brotar fácilmente de mis ojos), es la elección nacional. La dictadura cívico-militar que oscureció hasta el negro más profundo a mi país, me obligó a transitar mi adolescencia y mi juventud entre marchas militares, miedo a que Fuerzas Conjuntas te encontraran en la calle sin la cédula de identidad, pésimos profesores y programas de estudio, prohibiciones hasta en el largo de mi falda, familias que lloraban a sus presos, sus muertos y sus desaparecidos, y una credencial cívica que era un mero trámite para ingresas a la universidad porque todas las libertades, incluidas las elecciones nacionales, fueron suspendidas.

Voté por primera vez en el plebiscito de 1980 con el que la dictadura quiso perpetuarse, y a pesar de la campaña masiva a favor del Si, la mayoría de los uruguayos dijimos No. Y así fue como comenzó la cuenta regresiva. Dos años después, con mi hija de seis meses en brazos, voté en las elecciones internas de los partidos políticos, con la izquierda proscripta, pero que igual se manifestó votando en blanco. Llegó noviembre de 1984, y a pesar que muchos líderes políticos seguían proscriptos, presos o exiliados, y estrené mi credencial eligiendo presidente, diputados y senadores.

A partir de entonces, cada elección nacional, para mí, es una fiesta. El tiempo transcurrió, las desilusiones pasaron a ser el pan nuestro de cada día, porque los políticos mienten, prometiendo lo que no cumplen, diciendo lo que luego no hacen, pero llega esta fecha cada cinco años, y por más esfuerzo que haga, y a pesar de no tener militancia política alguna, me siento profundamente feliz de poder ejercer este derecho y obligación cívica. La democracia es un privilegio que disfruto en sí mismo, aunque no me venga bien ningún candidato y sea consciente que votaré al menos malo.

El domingo volveremos a votar. Candidatos a presidente, senadores y diputados, nos bombardean en las calles, la televisión y la radio, hasta la medianoche de hoy. Mañana viernes comienza la veda electoral y cada quien, con su almohada y su consciencia, deshojará la margarita por última vez hasta colocar su voto en la urna el domingo. Dicen las encuestas de opinión que nunca hubo tantos indecisos como ahora. Al parecer, un ocho por ciento de la población aún no sabe a quién votar. También, dicen que tendremos segunda vuelta en noviembre, lo que nos asegura un mes más de carnaval, sablazos a diestra y siniestra entre los dos elegidos que se debatirán cuerpo a cuerpo el último domingo de noviembre.

Sin embargo, lo que más importa, a mi entender, es que el próximo domingo se plebiscitará la anulación de una serie de artículos de la ley denominada de la caducidad punitiva del estado, que no es otra cosa que la impunidad de los militares que cometieron violaciones a los derechos humanos. Si bien esa ley fue aprobada por la mayoría de los uruguayos en otro plebiscito veinte años atrás, todos somos conscientes que primó el miedo. Los partidos políticos amigos de los militares le hicieron creer a la gente que si los militares eran juzgados, la dictadura regresaría al país. Pero ahora, todos los partidos políticos, de izquierda incluidos, están más ocupados en sus bancas en las cámaras, que en garantizar los derechos humanos. O quizás, todos tienen compromisos con los que los violaron. Al extremo imperdonable que el actual presidente, de izquierda, no firmó para derogar la ley. Es cierto que durante este gobierno se han juzgado a muchos violadores a los derechos humanos pues estaban excluidos de la vergonzosa ley (hoy, sin ir más lejos, el ex dictador Gregorio Álvarez, ha sido sentenciado a 25 años de prisión por la desaparición forzosa de 37 compatriotas. Pero no es suficiente. Una democracia no puede tener una ley así. O, con esta ley, la democracia no es íntegra. Es renga, chueca, o le falta una pata. Y avergüenza.

A pesar que quiero que gane el candidato menos malo a quien votaré, lo que deseo profundamente es que se derogue esa maldita ley. Porque el artículo 8 de nuestra Constitución dice Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes. Porque no seremos un país democrático hasta que no se cumpla con ese artículo de la Constitución de la República. Que así sea.

sábado, setiembre 19, 2009

Sábado

Sábado de tarde en Montevideo. Otro más idéntico al anterior, exactamente igual al próximo. Sola. Como siempre. Los libros, la única compañía. La música, la que sea, hiere mis oídos. Podría suicidarme hoy mismo. En nada cambiaría mi ausencia el paisaje que me rodea. Si no lo hago es sencillamente porque mi vida es lo único que me pertenece.

jueves, julio 23, 2009

Un país con el nombre de un río

Canta Jorge Drexler