lunes, octubre 26, 2009

Las derrotas de Laura Diaz

Dos derrorotas se agregan a las decenas sufridas por esta servidora. Ayer, fracasaron las dos propuestas plebiscitadas. Por alguna degradación genética, me duelen más las derrotas colectivas que las personales. Para las primeras, difícilmente encuentro consuelo. La negación del voto a los uruguayos en exterior me duele. Pero me gustaría saber cómo podré aceptar, aunque haya sido decisión soberana de poco más del 51 % de los cuidadanos, que los violadores de los derechos humanos seguirán impunes. Sé que no lo lograré. En fin, una cuenta más en el collar que visto. La historia de la vida de Laura Díaz. La perdedora.

sábado, octubre 24, 2009

La credencial en la mano, la patria en el corazón




Pablo llegó este mediodía. Si bien tenía muchas ganas de estar con nosotros y con sus amigos porque desde principios de junio no venía, su meta es la misma que la de miles de compatriotas que residen en el exterior: votar mañana. Contó que el puerto de Buenos Aires emocionaba hasta al más duro de los mortales. La gente estaba feliz. Sonrisas a diestra y siniestra, banderas uruguayas, ansiedad por llegar, ni una queja por los retrasos en los embarques debidos en parte a la tormenta que azotó ambas márgenes del Río de la Plata hasta la madrugada, en parte por la multitud.

Un decreto de la presidenta argentina obligó a todos los empleadores a dar dos días libres a todo uruguayo que quisiera venir a ejercer su derecho cívico. La empresa Buquebus ofrece pasajes a precios subvencionados (menos de la mitad de su costo habitual) a los uruguayos residentes en Argentina con la credencial cívica al día. Los partidos políticos y uruguayos residentes en el exterior que no pueden venir, realizaron colectas para pagar pasajes de los que sí pueden venir. Muchos uruguayos desperdigados por el mundo aprovecharon las elecciones de mañana para tomarse su licencia anual, renunciando a la clásica visita de Navidad.

Más de 20.000 pasajes subvencionados fueron vendidos por la empresa Buquebus. La otra empresa de transporte fluvial, 5.000. Además, los comprados a precio normal. Cerca de 500 ómnibus llegarán desde el Litoral de Argentina. Imposible contabilizar los buses que llegan desde Chile y Brasil.

Pero no es solamente fronterizo el tránsito de uruguayos hacia el paisito. El aeropuerto vive escenas dignas de fin de año desde el comienzo de la semana. Vuelos charters desde Canadá y Australia, líneas regulares de American y de Iberia, y todas las demás conexiones posibles sobre todos con EUA y España, no tenían un asiento libre desde hace meses.

Las cifras más conservadoras indican que, en total, llegaron a votar unos 40.000 uruguayos. Cifra no menor si se considera que apenas somos 3 millones de habitantes, y que 2,5 estamos habilitados para votar (qué país de viejos, mi dios).

La inmensa mayoría de la diáspora uruguaya, la que no puede venir, seguirá la transmisión gratuita que muchos canales de televisión y de radio harán a través de internet. Reunidos con familiares y amigos, esperarán los resultados que a muchos encontrarán en el mediodía de Sydney, en la medianoche de Nueva York, o en la madrugada de Madrid.

Recuerdo como si fuese ayer los días previos a las primeras elecciones nacionales en la agonía de la dictadura, en noviembre de 1984. Los puentes peatonales de los accesos a Montevideo repletos de uruguayos saludando con banderas a los cientos de ómnibus que llegaban desde Buenos Aires, los abrazos de los reencuentros en el aeropuerto, los puertos de Montevideo y de Colonia recibiendo con cantos y sonrisas a los compatriotas que pisaban el país después de una larga década con la mano en alto mostrando con orgullo la credencial.

Quizás, ha llegado la hora de reconocer que a los uruguayos que llevan la patria en el corazón nada los detiene. Tal vez, es tiempo que se apruebe el voto epistolar que se plebiscita también mañana. Que así sea.

jueves, octubre 22, 2009

Una deuda: Democracia con mayúscula

Mariana Zaffaroni Islas, secuestrada a los 18 meses en Buenos Aires, 1976,
por quien fue su padre adoptivo. Padres biológicos desaparecidos


2009. Junto a una de sus abuelas, las que la buscaron incansablemente . En 1992 se le regresó su identidad . Su rompecabezas recién empieza a armarse.


Si hay algo que me emociona hasta las lágrimas (que no suelen brotar fácilmente de mis ojos), es la elección nacional. La dictadura cívico-militar que oscureció hasta el negro más profundo a mi país, me obligó a transitar mi adolescencia y mi juventud entre marchas militares, miedo a que Fuerzas Conjuntas te encontraran en la calle sin la cédula de identidad, pésimos profesores y programas de estudio, prohibiciones hasta en el largo de mi falda, familias que lloraban a sus presos, sus muertos y sus desaparecidos, y una credencial cívica que era un mero trámite para ingresas a la universidad porque todas las libertades, incluidas las elecciones nacionales, fueron suspendidas.

Voté por primera vez en el plebiscito de 1980 con el que la dictadura quiso perpetuarse, y a pesar de la campaña masiva a favor del Si, la mayoría de los uruguayos dijimos No. Y así fue como comenzó la cuenta regresiva. Dos años después, con mi hija de seis meses en brazos, voté en las elecciones internas de los partidos políticos, con la izquierda proscripta, pero que igual se manifestó votando en blanco. Llegó noviembre de 1984, y a pesar que muchos líderes políticos seguían proscriptos, presos o exiliados, y estrené mi credencial eligiendo presidente, diputados y senadores.

A partir de entonces, cada elección nacional, para mí, es una fiesta. El tiempo transcurrió, las desilusiones pasaron a ser el pan nuestro de cada día, porque los políticos mienten, prometiendo lo que no cumplen, diciendo lo que luego no hacen, pero llega esta fecha cada cinco años, y por más esfuerzo que haga, y a pesar de no tener militancia política alguna, me siento profundamente feliz de poder ejercer este derecho y obligación cívica. La democracia es un privilegio que disfruto en sí mismo, aunque no me venga bien ningún candidato y sea consciente que votaré al menos malo.

El domingo volveremos a votar. Candidatos a presidente, senadores y diputados, nos bombardean en las calles, la televisión y la radio, hasta la medianoche de hoy. Mañana viernes comienza la veda electoral y cada quien, con su almohada y su consciencia, deshojará la margarita por última vez hasta colocar su voto en la urna el domingo. Dicen las encuestas de opinión que nunca hubo tantos indecisos como ahora. Al parecer, un ocho por ciento de la población aún no sabe a quién votar. También, dicen que tendremos segunda vuelta en noviembre, lo que nos asegura un mes más de carnaval, sablazos a diestra y siniestra entre los dos elegidos que se debatirán cuerpo a cuerpo el último domingo de noviembre.

Sin embargo, lo que más importa, a mi entender, es que el próximo domingo se plebiscitará la anulación de una serie de artículos de la ley denominada de la caducidad punitiva del estado, que no es otra cosa que la impunidad de los militares que cometieron violaciones a los derechos humanos. Si bien esa ley fue aprobada por la mayoría de los uruguayos en otro plebiscito veinte años atrás, todos somos conscientes que primó el miedo. Los partidos políticos amigos de los militares le hicieron creer a la gente que si los militares eran juzgados, la dictadura regresaría al país. Pero ahora, todos los partidos políticos, de izquierda incluidos, están más ocupados en sus bancas en las cámaras, que en garantizar los derechos humanos. O quizás, todos tienen compromisos con los que los violaron. Al extremo imperdonable que el actual presidente, de izquierda, no firmó para derogar la ley. Es cierto que durante este gobierno se han juzgado a muchos violadores a los derechos humanos pues estaban excluidos de la vergonzosa ley (hoy, sin ir más lejos, el ex dictador Gregorio Álvarez, ha sido sentenciado a 25 años de prisión por la desaparición forzosa de 37 compatriotas. Pero no es suficiente. Una democracia no puede tener una ley así. O, con esta ley, la democracia no es íntegra. Es renga, chueca, o le falta una pata. Y avergüenza.

A pesar que quiero que gane el candidato menos malo a quien votaré, lo que deseo profundamente es que se derogue esa maldita ley. Porque el artículo 8 de nuestra Constitución dice Todas las personas son iguales ante la ley no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes. Porque no seremos un país democrático hasta que no se cumpla con ese artículo de la Constitución de la República. Que así sea.

sábado, septiembre 19, 2009

Sábado

Sábado de tarde en Montevideo. Otro más idéntico al anterior, exactamente igual al próximo. Sola. Como siempre. Los libros, la única compañía. La música, la que sea, hiere mis oídos. Podría suicidarme hoy mismo. En nada cambiaría mi ausencia el paisaje que me rodea. Si no lo hago es sencillamente porque mi vida es lo único que me pertenece.

jueves, julio 23, 2009

Un país con el nombre de un río

Canta Jorge Drexler


lunes, mayo 18, 2009

Chau Mario


Ayer, a los ochenta y ochos años, murió, en Montevideo, el uruguayo Mario Benedetti. La noticia ha dado la vuelta al mundo y es tapa de casi todos los sitios de internet en español. A lo largo de todo el día, miles de personas le dan el último adiós, dejándole flores y lápices, en el Salón de los pasos perdidos del Palacio Legislativo. En lo personal, más que un poeta-escritor-ensayista, ha sido y será, un gran hombre, símbolo de un Uruguay que ya no existe, último exponente de la notable Generación del 45.
Transcribo parte de la nota publicada en El País de Uruguay, titulada El dolor se dice callando. Honrando esas palabras de Eduardo Galeano, despido a Benedetti con un poema suyo y con el saludo uruguayo que significa lo opuesto que en italiano, algo así como Hasta luego: Chau Mario.

Al escritor uruguayo, Eduardo Galeano le resultó difícil encontrar palabras para expresar su inmenso dolor ante la muerte de su colega Mario Benedetti. "Soy enemigo de la inflación para hablar y me parece que el dolor se dice callando", expresó.

En declaraciones a los medios, Galeano explicó que Benedetti en italiano quiere decir bendito. "Lo único que puedo decir es benditos sean las mujeres y los hombres honestos y generosos como él".

Por su parte, el escritor y periodista, Mario Delgado Aparín subrayó que con la pérdida de Benedetti, "termina toda una época" para la literatura uruguaya. En este sentido, declaró a canal 12 que Mario no sólo fue un integrante del a Generación del 45, sino que también "fue un protagonista de la generación crítica, que logró remover los cimientos de Uruguay".

Por otro lado, destacó la coherencia que reinó la vida de Benedetti y lo describió como un hombre "comprometido con la vida y de una profunda humildad solidaria"

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo derrotando imposibles
segura sin seguro
te dejo frente al mar descifrándote
sola sin mi pregunta
a ciegas sin mi respuesta rota
Te dejo sin mis dudas pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas a pie juntillas todo
no creas, nunca creas, este falso abandono
Estaré donde menos lo esperes
por ejemplo en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
Estaré en un lejano horizonte
sin horas en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
Estaré repartido en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar de tu sueño
en la red esperando tus ojos
y mirándote.

sábado, mayo 16, 2009

Llueve sobre mojado



Los objetos se resbalan de mis manos, no recuerdo fechas, olvido nombres, la lista de asuntos pendientes es cada vez más extensa, mis piernas pesan más que de costumbre y el atardecer me encuentra agotada deseando únicamente dormir el sueño que demora en llegar sin ofrecerme el descanso que necesito. Paso muchas horas de pie, y alterno los ambientes cálidos con el helado aire exterior. A veces, pienso que tanta diferencia de temperatura bajará mis defensas y terminaré por engriparme. Los imprevistos han pasado a ser el común denominador de mis días, obligándome a replantearme las prioridades varias veces en veinticuatro horas. Durante la primera semana, confieso que fui una estúpida optimista, creyendo que pronto todo volvería a la normalidad. Luego, la realidad superó cualquier fantasía y me rebelé contra ella. De nada sirvió. Tengo una conciencia que cada noche me habla desde la almohada. Así que ahora, quince días después, no me queda otra alternativa que cancelar todos mis planes y proyectos, guardando mis deseos en un cajón hasta nuevo aviso. La historia de mi vida con algún breve paréntesis. Esos tesoros se convirtieron en el refugio para mis noches oscuras. No importa ya si es justo o injusto, menos aún cuestionarme Qué hice yo para merecer esto o explicar la circunstancia en base a malas acciones en vidas pasadas. Si bien estoy lejos de la perfección porque soy humana de la cabeza a los pies y desde el alma hasta la piel, no conozco en mi vida otra cosa que el trabajo, el no molestar a los demás, el ayudar a quienes me necesitan, no depositando en otros mis conflictos y mis pesares. En ese ir y venir de mis días no pido nada. Ni siquiera justicia, porque, en lo que a mí respecta, nunca llega, ni siquiera tarde. Los sinsabores me acompañan desde que tengo uso de razón, volviendo negativo cualquier balance, aún el más disociado e infantil. Nunca me comparé con los demás, pero los demás sí lo han hecho conmigo, debiendo admitir, a punto de cumplir mis cincuenta años, que no es casualidad que la envidia, esa palabra que suena tan duro pero que no significa otra cosa que el deseo de algo que no se posee, integre los siete pecados capitales. Es francamente muy triste que esta vida mía, la de una mujer sola a quién la han privado del ejercicio de su profesión en el país que la vio nacer, sea objeto de envidias. Únicamente seres muy insatisfechos consigo mismos pueden querer deshacer más esta vida mía o estar pendientes de lo que hago o de a donde voy. Más doloroso y triste aún resulta tener que aceptar que los vínculos de sangre no constituyen un obstáculo para los sentimientos más atroces y retorcidos, consecuencia de penas no resueltas y traducidas en enojos o en celos desmedidos como si los demás fuesen los culpables de todos los males que cada quien padece. Me ha sido arrebatada la vida en varios puntos del largo camino transitado al extremo de haber sido censurada en mi derecho constitucional a la libre expresión aún en espacios anónimos como éste, sobrando las pruebas al respecto. Esas personas no se acercan cuando las letras sangran, pero aparecen, reclamando, si las palabras escritas tienen un punto de contacto con sus errores. Entonces, sin más, golpean a diestra y siniestra, y entonces, llueve sobre mojado. Dicen que la vida es una novela y estoy convencida que esa confirmación es falsa. Más bien es exactamente al revés. El escritor apenas es un observador atento que con su pluma plasma en palabras bien escritas lo que sus ojos ven y los seres humanos sienten. Las miserias, horrores y alguna que otra bendición que leemos en los libros forman parte de la cotidianeidad de las personas. Que a nadie le quepa la menor duda.